Los martes son de cueca

Por Bárbara Coloma

Cada martes jóvenes y adultos se reúnen en el Galpón Víctor Jara para continuar con una tradición que partió hace más de una década. Los martes de cueca ya marcan la diferencia en la Plaza Brasil.

La cueca, baile nacional,  fue promulgada oficialmente como tal  el 18 de septiembre de 1979. No obstante, ésta es conocida desde los años 20. El origen exacto aun se cuestiona por sus influencias españolas, africanas y peruanas, derivadas de bailes como zambacueca y zamacueca; solo se tiene certeza que fue adaptándose en Chile según las variantes regionales.

El Galpón Víctor Jara, ubicado frente a la Plaza Brasil, en Santiago, pertenece a la fundación homónima, donde permanentemente se realizan distintas actividades culturales, tocatas o fiestas para el autofinanciamiento. En este contexto, desde hace cinco años el lugar se presta a agrupaciones y colectivos de cuequeros, como ellos mismo se definen. Se trata de Los martes de cueca.

La iniciativa partió como una forma de revitalizar este baile, desplazado por tradiciones  extranjeras. La Fundación Ainir comenzó hace ya una década con esta actividad en la Plaza Concha y Toro. Tras algunos problemas con el municipio de Santiago, la actividad tuvo que ser cancelada hasta encontrar un nuevo sitió. Es así como se contactaron con la Asociación del Galpón Víctor Jara, quienes sin costo alguno acordaron prestar este espacio físico cada martes.

La actividad comenzó a difundirse a través de las redes sociales, con una invitación abierta para público quienes supieran o quisieran aprender el baile, y para músicos que quisieran colaborar.

Tras la fusión de estas agrupaciones se planteó la necesidad de tener una directiva. Se decidió que  debían ser cuatro, electos por votación popular, quienes irían rotando año a año. Samantha Gordillo, estudiante universitaria y la actual organizadora directiva de los encuentros, asegura que la  motivación principal ha sido la identidad que se siente con la cueca, pero esa chora, brava. “Un baile que no nos representa es la cueca tradicional, porque se ve al patrón con la china y se ve esa exacta dominación. En cambio esta es una cueca horizontal, donde yo soy tanto como tú, porque los dos tenemos las mismas capacidades y vivimos los mismos problemas”, explica.

El galpón

Al ingresar, lo primero que se ve es un mensaje en la puerta que se refiere a la historia de la cueca y la revitalización que se le pretende dar, donde ésta debe dejar de ser un baile estructurado y elitista para convertirse en un verdadero baile popular. Por último este nos invita a bailar como nuestro corazón mande y no como una coreografía lo ordene. Lo único que está prohibido es fumar dentro del recinto y pasarlo mal.

El espacio está lleno, la música es en vivo, las parejas van variando a medida que trascurre la jornada y existe un lugar donde se vende algo de alcohol y comida.

Las personas que administran el pequeño puesto pertenecen al colectivo Víctor Jara TV, que posee una televisora comunitaria que  funciona al interior de la fundación. Ellos obtuvieron este espacio para autofinanciar la televisora. Mónica Aravena, colaboradora de Víctor Jara TV, cree que “atender la barra de las cuecas por un lado es como un espacio para conocer gente, para hacer lo que estamos haciendo, para intercambiar y también de autofinanciamiento a la televisora”.  Si bien comparten un mismo espacio físico, no existe una relación formal entre los cuequeros y ellos. No obstante, perciben la dinámica que se da en el lugar: “una fusión de una urbanidad que es bien interesante. Poder generar  un estilo que no es lo clásico, que el que no se sabe los pasos clásicos también  puede bailar, la verdad es que acá tienes muchos estilos distintos, entonces es súper interesante”.

Los músicos no son una agrupación constante, sino que cada martes se va articulando dependiendo de la gente que llegue con instrumentos. Acá cualquier aporte musical es bienvenido. Si bien algunos llevan años asistiendo cada martes, para otros puede ser su primera vez.

Alex Muñoz es parte de los músicos que animan el galpón hace tres años. Cuenta que la mayoría de las personas que tocan acá pertenecen a otros conjuntos folclóricos  o como él tocaban en locales de Santiago, y que se enteraron por la misma propaganda gratuita que hacen los asistentes. También que de una semana  a otra varían los músicos. “Casi siempre hay gente nueva tocando”, dice Alex.

Las parejas que vienen preparadas son pocas y por lo general se forman dentro. No es extraño ver adultos mayores bailando con jóvenesç ni tampoco a extranjeros que han venido al lugar a aprender este baile.

Laurence, turista británica, recibió la recomendación de asistir al lugar los martes para conocer un poco de la idiosincrasia chilena. Si bien al final de la jornada no pudo aprender, define la experiencia como “super cool, muy diferente a otros bailes”. En contraste, Russ, turista norteamericano que llevaba dos días en nuestro país, aprendió inmediatamente el baile y se mostraba anonadado. “No tenemos estas actividades en los Estados Unidos. Música, baile, es muy bacán”, cuenta.

Bailar para protestar

No todo es cueca y celebración. La agrupación ha participado activamente de las manifestaciones sociales que han adquirido fuerza estos últimos dos años y además han  debido defender su espacio tras el posible cierre del galpón.

Cuecas por la Educación fue una iniciativa que nació al interior del Galpón Víctor Jara con el propósito de ser parte de las movilizaciones de 2011. Este, al igual que las 1600 horas por la educación, cicletadas por la educación y muchas otras actividades, permitieron integrar a la comunidad a este movimiento.

Este año se realizó la tercera versión, con amplia participación ciudadana al igual que el año anterior. Fernando Cuchara, uno de los creadores de esta iniciativa, afirma que ésta surge  “por un movimiento  social de convertir la cueca, que es un arte, de darle vida. Somos un grupo de gente joven que estaba interesado en cambiar la historia de la cueca. De alguna manera sentimos que la cueca tiene un discurso socio-político. Porque especialmente en los años de la independencia,  hay que pensar que la cueca era la voz del que no sabía leer ni escribir”.

El Galpón Víctor Jara ha recibido múltiples amenazas y desalojos por parte de la municipalidad, debido a las molestias que genera tanto a las autoridades como a los vecinos. Este año no fue la excepción; en septiembre  se dio un ultimátum de cierre por parte del alcalde de Santiago de entonces, Pablo Zallaquet. Ante esta situación las distintas organizaciones que funcionan en el recinto se unieron en absoluto rechazo de esta medida.

Difusión, agitación ciudadana, movilizaciones, fueron solo algunas de la actividades que realizaron estas agrupaciones. Por su parte, los cuequeros, organizaron una maratón de cueca en la Plaza Brasil y a las afueras de la Municipalidad de Santiago, en repudio a la medida.

Finalmente el día de la votación, donde el consejo municipal dictaminó que éste podía seguir funcionando, se podía ver como decenas de parejas celebraban al ritmo de la cueca que, más allá de ser solo un baile, se ha convertido en una expresión de manifestación sociocultural.

 

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